Así que cogí la cámara y me dispuse a pasar un buen rato intentado capturar y/o disfrutar de esas magníficas actuaciones que nos ofrece la niebla de vez en cuando.
Digo actuaciones porque estas nieblas cambian con mucha rapidez. Constantemente crecen y decrecen, suben o bajan en altura y como en oleadas intentan trepar por las laderas una y otra vez.
Y juguetean con nosotros ofreciéndonos escenarios cambiantes en los que, lo que ahora muestran, mas tarde lo ocultan.
Así que toca moverse constantemente de un lugar a otro intentando llegar a tiempo.
Después de una hora de corre de aquí para allá, decido que ya está bien, si no puedes con ellas, relájate y disfrútalas. Me deslizo ladera abajo hacia la mar, oigo el rumor de las olas pero no las veo y me siento.
Permanezco como otra hora más viendólas subir y bajar, efectuando un baile de movimientos circulares, cómo me muestran la costa y luego la ocultan. Y fotografío, claro. Y disfruto, por supuesto.
Mitxintxola
Faro de la Plata. Monte Ulia. Pasai San Pedro.







